¿Qué pasa con la vivienda familiar cuando una pareja con hijos se divorcia?

Cuando una pareja se divorcia y opta por la custodia compartida, surge una cuestión práctica muy importante: ¿qué ocurre con la vivienda familiar?

Una de las posibilidades es la llamada “casa nido”, un sistema en el que los hijos permanecen siempre en la vivienda familiar y son los progenitores quienes se turnan para vivir allí durante sus periodos de custodia.

A primera vista puede parecer una buena solución. Los menores no tienen que cambiar constantemente de casa y mantienen su habitación, colegio y entorno habitual. Sin embargo, en la práctica puede resultar complicado.

¿Cómo funciona la casa nido?

Por ejemplo, los hijos permanecen en la vivienda familiar durante todo el mes. Una semana vive allí el padre y la siguiente la madre. Cuando termina su periodo de custodia, cada progenitor abandona la vivienda y entra el otro.

El problema es que, para hacerlo posible, normalmente cada progenitor necesita disponer de otra vivienda durante el tiempo en que no está con los hijos. En la práctica, esto supone mantener la vivienda familiar y otros dos espacios donde vivir.

Además, este sistema requiere una buena comunicación y capacidad de organización entre ambos progenitores. Hay que ponerse de acuerdo sobre cuestiones como la limpieza, los gastos, los suministros, las reparaciones o incluso qué ocurre si alguno rehace su vida con una nueva pareja.

Por eso, una solución que puede funcionar bien para algunas familias puede convertirse en una fuente constante de conflictos para otras.

¿Puede un juez imponer la casa nido?

El Tribunal Supremo ha señalado que los tribunales deben ser especialmente cautelosos a la hora de establecer este sistema.

En su sentencia 1312/2024, de 14 de octubre, recuerda que la casa nido exige unas circunstancias muy concretas, especialmente un elevado nivel de entendimiento entre los progenitores y capacidad económica suficiente para mantener las viviendas necesarias.

Por ello, la casa nido no debe plantearse como una solución automática para cualquier divorcio con custodia compartida. Cuando existe una relación conflictiva entre los progenitores o dificultades económicas, mantener este sistema puede terminar perjudicando precisamente a quienes se pretende proteger: los hijos.

Entonces, ¿qué pasa con la vivienda familiar?

La casa nido es solo una de las posibles alternativas. Dependiendo de las circunstancias, puede ser necesario valorar otras opciones: que uno de los progenitores utilice temporalmente la vivienda, que se venda el inmueble, que uno de ellos compre la parte del otro o que se establezca otra solución que permita organizar la custodia compartida.

La decisión dependerá, entre otras cuestiones, de quién es propietario de la vivienda, la situación económica de cada progenitor, las necesidades de los hijos y la relación existente entre ambos.

La custodia compartida busca garantizar el bienestar de los menores, pero eso no significa que exista una única forma de organizarla. La vivienda debe formar parte de esa planificación. Conviene analizar las circunstancias concretas de la familia y valorar qué solución será más estable a largo plazo.

 

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